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Cómo tratar las alergias ?

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La aparición de síntomas puede retrasarse si alejamos la persona del contacto con los más poderosos alérgenos

 

La alergia es una enfermedad muy frecuente. El 20 por ciento de los chicos desarrolla molestos síntomas ante la presencia de sustancias como los ácaros, el polen, determinados alimentos o la caspa de los animales.

En los primeros meses de la vida, el sistema inmunológico es muy inmaduro, y las consecuencias de la alergia son peores. Por si eso fuera poco, cuando la enfermedad aparece en edades tan tempranas, es más difícil de combatir.

Por fortuna, se sabe qué niños tienen más posibilidades de verse afectados y también cuáles son las medidas más eficaces para evitar o, al menos retrasar, su aparición. Algunas deben ponerse en práctica incluso antes de que el pequeño haya llegado al mundo.

Quienes más posibilidades tienen de desarrollar una alergia son los hijos de una pareja de alérgicos (el 80 por ciento la padecerán) Les siguen los que tienen un padre sensibilizado (el 50 por ciento de su descendencia sufrirá de alergia). Luego, cualquier otro niño: el 14 por ciento de los pequeños tratados de alergia no tiene ningún factor de riesgo.

1. Administrarle las vacunas obligatorias
Un factor muy importante es la correcta inmunización. Todos los niños deben recibir las vacunas obligatorias tal como está establecido en los calendarios oficiales, pero habrán ser más rigurosos en su cumplimiento los padres del niño con algún factor de riesgo.

2. Informar al neonatólogo del riesgo
Los alergólogos recomiendan a las parejas que puedan transmitir a su descendencia la capacidad de padecer alergia (atopía) que lo adviertan en la maternidad en el momento del parto. El objetivo es evitar que el recién nacido reciba un biberón de leche mientras la madre se recupera del parto o se produce la bajada de la leche.

Es demasiado pronto para que el pequeño pruebe la leche adaptada. Se deriva de la leche de vaca, y ésta tiene una serie de alérgenos muy potentes. Si el niño llora, se le puede dar agua estéril.

3. Evitar que sea un fumador pasivo
Además de perjudicar el correcto desarrollo del bebé el predispone al futuro niño a padecer alergias. Ninguna mujer que espera un hijo debe fumar y permanecer en ambientes cargados de humo. Si el futuro padre o cualquier otra persona de la casa fuma, es preferible que consuma los cigarrillos afuera, cerca de la ventana abierta o el balcón; según los expertos, no basta con ventilar para eliminar el humo.

Tampoco es aconsejable que la mujer en cinta conviva con animales domésticos.

4. Reducir los ácaros de la vivienda
Estos son animales microscópicos que viven en el polvo de la casa y se alimentan de escamas de la piel humana y de mohos. La humedad y las temperaturas medias favorecen su desarrollo, y se calcula que un gramo de polvo puede contener nada menos que entre 2.000 y 15.000 ácaros.

Lo ideal sería que en la casa del alérgico o del niño con predisposición a sufrir esta enfermedad no existieran elementos capaces de acumular el polvo, pero dado que resulta muy difícil es preferible, al menos, acondicionar el dormitorio del niño, que es el lugar donde pasa más horas.

El piso de este cuarto debe ser de cerámicas o maderas, elementos que se pueden limpiar con facilidad (si es de madera, habrá que utilizar aspiradora), y las paredes, lavables.

Para cubrir las ventanas se deben elegir cortinas en vez de largos visillos, y es necesario eliminar los estantes de libros y peluches. Los juguetes deben guardarse en un lugar cerrado, y si el pequeño tiene un amor especial por un muñeco de tela o de peluche, se deberá lavar a menudo.

La almohada y especialmente el colchón, son auténticos reservorios de ácaros. Por eso, de ser posible, ambos estarán formados de materiales sintéticos. La lana, los productos vegetales y animales pueden perjudicar a los pequeños con atopía. También es mejor emplear frazadas lavables antes que acolchados.

El dormitorio del pequeño ha de ubicarse en la habitación más seca y soleada de la casa. Además conviene limpiarlo con mucha frecuencia, ventilarlo una o dos horas diarias y mantener la calefacción a temperaturas suaves.

5. No tener animales domésticos
Mascotas tan pacíficas como hámsters, perros y gatos son, sin pretenderlo, auténticos enemigos de los chicos con atopía. En este caso el arma más peligrosa no son los dientes, sino algo tan aparentemente inofensivo como la caspa.

El gato es una de las más importantes fuentes de alergia en la actualidad. Este animal produce gran cantidad de epitelios que se reparten por la vivienda y que pueden tardar hasta varios meses en desaparecer.

Son tantos los alérgenos que generan los felinos domésticos que es posible que un niño llegue a desarrollar una alergia sin haber tenido contacto directo con el animal. Según se ha comprobado, el polvo de las escuelas alberga una elevada concentración de epitelios de este animal que han sido transportados por los niños que tienen gato en su casa.

6. Lactancia materna en los primeros meses de la vida
Este es uno de los puntos fuertes de la prevención . todos los especialistas y la Organización Mundial de la Salud están de acuerdo en que la leche materna no produce alergias y contiene anticuerpos que protegen al niño de las infecciones. Se aconseja que los bebes sean alimentados exclusivamente al pecho durante los cuatro o seis primeros meses de la vida. No obstante, para algunas mujeres, ésta es una recomendación fácil de llevar a la práctica. Es bastante habitual que teman que la leche sea de mala calidad o insuficiente. Los médicos desmienten estas ideas y afirman que, salvo rarísimas excepciones, todas las mujeres pueden dar de mamar a sus bebés.

7. Introducir poco a los alimentos
La leche de vaca, el huevo, el pescado y los frutos secos son, en ese orden, los alimentos con más capacidad de producir una reacción alérgica.

Naturalmente, el pediatra es el que mejor conoce al niño y los padres deben seguir sus indicaciones. Pero, en general, no conviene que coma alimentos sólidos hasta los cinco o seis meses, huevo ni pescado hasta el año, y legumbres hasta los 15 meses.

También es demasiado temprano para los frutos secos, no sólo por la posibilidad de sensibilización, sino también porque pueden atragantarse al comerlos.

8. No medicarlo sin prescripción
Al contrario de otros tipos de alergias, no existe una predisposición hereditaria a sensibilizarse con los medicamentos.

En este caso, es el consumo excesivo e indiscriminado de estas sustancias lo que puede terminar por convertir al niño en alérgico a ellas.

Bajo ningún concepto los padres deben dar a sus hijos fármacos que no hayan sido prescritos por el pediatra. Mucho menos los compuestos de penicilina y los analgésicos, como la aspirina y las pirazolonas. Habrá que ser especialmente cuidadosos, ya que la alergia a los medicamentos puede aparecer ya en los primeros años.

9. Cuidar correctamente su piel
Si bien todas las dermatitis no son alérgicas, aparecen con mayor frecuencia en los pequeños afectados por esta enfermedad (o con predisposición a padecerla que, a la vez tienen la piel seca.

Se trata de un desagradable trastorno que produce picazón y descamación de la piel, y que puede aflorar ya en los primeros meses de vida del bebé. Para la higiene de estos niños deben utilizarse jabones neutros que respeten el PH ácido y la grasa de su piel. Sus ropas han de ser siempre de algodón.

10. Retrasar sala de cuna y jardín infantil
Uno de los factores que más influye en el desarrollo del asma y de las alergias alimentarías son (además del contacto con los alérgenos) las infecciones respiratorias y las intestinales, respectivamente; El mecanismo es sencillo: con las repetidas enfermedades, las mucosas se debilitan y quedan más accesibles a los alérgenos.

Para proteger al niño de estas infecciones en las edades más tempranas de la vida, se recomiendan que se retrase el ingreso al jardín infantil. Allí las posibilidades de contagiarse estas infecciones aumentan notablemente. Sobre el momento más idóneo para debutar en la escuela.

En cuanto a los síntomas de la alergia, varían según la causa. Los alimentos pueden provocar eczema o urticaria, o, trastornos digestivos, como vómitos y diarrea. Los ácaros, los mohos, los epitelios de animales y el polen suelen ocasionar rinitis y asma. Este último también puede desencadenar conjuntivitis. Los medicamentos, reacciones muy diversas. Con una eficaz prevención, estos problemas pueden suavizarse.