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El desafío de las madres que educan desde la distancia

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En un mundo globalizado, los viajes en busca de una vida mejor suelen separar a las familias. Sin embargo, las mujeres utilizan todos los medios para seguir muy cerca de sus hijos, como compañeras y guías

 

El perfil de la inmigración cambió y las mujeres tomaron las riendas de su vida y de sus familias, de las que las separan miles de kilómetros en busca de una oportunidad. Ahora deben afrontar el reto de sobrevivir y seguir siendo, aun en la distancia, educadoras de sus hijos.

La pedagoga argentina Nora Rodríguez, que lleva viviendo 20 años en España, consciente de las situaciones a las que se enfrentan estas mujeres escribió Educar en el locutorio, un libro "sobre madres que dejaron temporalmente a sus hijos y cuyo equipaje más valioso son los recuerdos, las ilusiones y los retazos de promesas que arrastran mientras aprenden a educar en la distancia".

Para escribirlo, se reunió con 130 madres inmigrantes entre las que hay bolivianas, ecuatorianas, dominicanas, colombinas, guatemaltecas, filipinas, rumanas, camerunesas y magrebíes, a las que llama "heroínas del siglo XXI".

Recogió una selección de estos relatos, que según reconoció en una entrevista con Efe, algunos de ellos los escribió entre lágrimas, para acercar la historia que hay detrás de muchas empleadas en España y que le sirven como recurso para marcar las pautas que deben seguir para continuar estando cerca de sus hijos.

"Antes la madre que emigraba era una madre ausente, pero ahora gracias a las nuevas tecnologías, a internet, a los locutorios, es una presencia, una madre que puede estar todo el tiempo acompañando a su hijo, a pesar de la distancia", aseguró.


Los cambios en la historia
Rodríguez señaló que hubo un cambio en los flujos migratorios, antes era el hombre el que emigraba y cuando conseguía los papeles agrupaba a la familia. Pero ahora es la mujer "la que deja a su marido y a sus hijos, a quienes deja al cuidado de su madre o de sus hermanas, y viene a buscar un futuro mejor".

Sin embargo, esto no implica que la mujer deje de ser educadora, "los hijos necesitan seguir manteniendo el apego, el vínculo" con esa madre, que es necesario que esté presente.

Al emigrar "la familia no se rompe, se rompe el proyecto familiar", por lo tanto, "el papel de la madre sigue siendo el mismo que si estuviera cerca que es acompañar en el crecimiento, ayudar a construir la personalidad, dar valores y prepararlos para la vida".