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Inseguridad sexual: ¿Cómo combatirla?

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¿Qué consejos profesionales son aptos para evitar la inseguridad sexual? Todos tenemos fantasmas que acechan nuestra mente a la hora de la intimidad· Conocer nuestros temores y lograr enfrentarlos se convierte en la llave de acceso al afianzamiento de la propia estima

 

En primer lugar, darse cuenta de que la sexualidad es mucho más que la genitalidad. Que somos mujeres y varones sexuales y sexuados más allá de nuestros genitales.

Comprender que los seres humanos somos seres corporales, emocionales, intelectuales, sociales y espirituales.

Reflexionar sobre los motivos de inseguridad para detectar si son realmente una carencia o responden a una presión externa.

Aprender a escuchar el propio cuerpo: cuándo sentimos placer o bienestar y cómo se manifiesta corporalmente, cuándo algo nos disgusta y poder decir que no, si hay algo que no queremos y cómo siento esta incomodidad. Hacerse caso en consecuencia. El cuerpo SIEMPRE sabe.

Hacer una lista de todas las cosas que me gustan de mí misma y de aquellas que no me gustan y procurar ver el lado positivo de algo que no termine de satisfacerme.

Por ejemplo, si una mujer siente que sus muslos son gorditos (más de lo que le gustaría), mirarlos atentamente en el espejo para detectar la belleza de las curvas, la suavidad y textura de su piel, lo mullido de tener "de dónde agarrarse".

Si un varón siente que es inseguro porque tiene el pene más pequeño de lo que le gustaría, proponerse aprender nuevas formas de relacionarse con el cuerpo de su compañera y de sentir y proporcionar placer independientemente del tamaño o la forma.

Mirar la publicidad y los mensajes de los medios con una mente crítica y consciente de su intención normatizante.

Empezar a vivir la vida de manera más atenta y degustando cada instante, cada relación, cada trozo de comida o aroma, como si fuera el último.

Aprender a relacionarnos honestamente con nosotros mismos (sin mentirnos) y con los demás, expresando con cuidado sentimientos y necesidades, sin herir.

Pedir lo que necesitamos, de una manera sensible y calificadora (que quiere decir decirle al otro lo que encontramos bueno de él o ella), poniéndonos en contacto con nuestros propios sentimientos y sensaciones, sin dejar de percibir a quien tenemos al lado.

Diferenciar entre el aquí y el ahora y el pasado. Las inseguridades en general provienen de experiencias del pasado (lejano o cercano).

Reflexionar si la inseguridad se dispara por una situación actual o en realidad lo que me pasa es un reflejo automático de un recuerdo del pasado.

Posicionarse en el presente, dándose cuenta de lo que pasa hoy y si tengo los recursos para enfrentar esta realidad con fortaleza y seguridad.

La inseguridad y la frustración bajarán su intensidad cuando nos damos cuenta de que como somos "es así y lo acepto". Moderar las expectativas, aprendiendo a vivir el aquí y ahora.

Aceptar lo que no puede ser cambiado y proponiéndose cambiar aquello que sí se puede.