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Comer mal causa depresión

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Un estudio con 12.059 voluntarios ha servido a investigadores de la UN y Las Palmas para demostrar que las grasas trans y saturadas aumentan el riesgo de depresión y el aceite de oliva lo evita

 

Ingerir grasas trans y saturadas aumenta el riesgo de padecer depresión, mientras que el aceite de oliva protege frente a ese trastorno.

A estas sentencias han llegado investigadores de la Universidad de Navarra y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, tras recorrer un camino de seis años a lo largo del cual han estudiado a 12.059 voluntarios integrantes del proyecto SUN (Seguimiento Universidad de Navarra, iniciado en 1999 y que actualmente acumula a más de 20.000 ex universitarios a los que periódicamente se les envía cuestionarios sobre sus hábitos). Los investigadores analizaron la dieta, el estilo de vida y las enfermedades de los voluntarios al comienzo, durante y al término del trabajo. Así se confirmó que, pese a que ningún antiguo universitario sufría depresión al iniciar el estudio, se detectaron 657 nuevos casos al acabarlo.

Las grasas trans están presentes de forma natural en algunos productos lácteos enteros y de forma artificial en algunas margarinas, galletas, productos de bollería, palomitas de microondas, pastelería industrial, caramelos, snacks salados y dulces, helados, precocinados, salsas y buena parte de productos englobados en la familia del fast-food o comida rápida. Estas grasas son sometidas a un proceso físico-químico de hidrogenación parcial con el objetivo de conferirles un estado semisólido y, de esta manera, poder ser empleadas como ingrediente que dota de estabilidad y consistencia a multitud de productos de gran consumo.

Entre los 657 nuevos casos de depresión que se registraron, los participantes con un elevado consumo de grasas tipo trans "presentaron un incremento del riesgo de depresión de hasta un 48% cuando se les comparó con los participantes que no las consumían", explica Almudena Sánchez-Villegas, profesora titular de Medicina Preventiva de la Universidad de Las Palmas, primera autora del trabajo. "Y cuantas más grasas trans se consumían, mayor efecto dañino causaban éstas en los voluntarios". Por otro lado, el equipo, dirigido por Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de Medicina Preventiva de la Universidad de Navarra, analizó también la influencia de las grasas poliinsaturadas (abundantes en pescados y aceites vegetales) y del aceite de oliva en la presencia de depresión. "Descubrimos que este tipo de grasas más sanas, junto con el aceite de oliva, se asocian a una reducción del riesgo de sufrir depresión", subraya el investigador, director del Proyecto SUN.

Actualmente, el mundo alberga a 150 millones de personas afectadas por depresión. Los resultados del estudio corroboran la tesis de mayor incidencia de la enfermedad en países del norte de Europa que del sur, en el que prevalece el patrón de dieta mediterránea.