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Cromo

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Este oligoelemento juega un papel fundamental en el organismo, aunque, como señalan los expertos, aún se desconoce mucho sobre su actuación, absorción y eliminación.

En estos momentos son varios los usos que se dan a este oligoelemento, aunque aún no se han establecido algunas claves para su ingesta como qué aportes serían necesarios para conseguir el desarrollo óptimo de algunas funciones orgánicas.

Lo habitual es encontrarlo en la naturaleza en dos estados de oxidación. Así, mientras que el cromo (III) es la forma más estable y abundante, el medio el (IV) se caracteriza por ser un fuerte antioxidante, el cual, debido a sus múltiples aplicaciones industriales es un gran contaminante ambiental.

El cuerpo humano está diseñado para poder almacenar entre 0,4 y 6 mg, cuyos niveles van disminuyendo según avanza la edad, a pesar de que esta razón todavía no ha sido descifrada.

Su absorción
El organismo humano se abastece de cromo a través del intestino delgado, concretamente en su tramo yeyuno, por un proceso de difusión pasiva no saturable, el cual es más fácil de efectuarse en las mujeres. Una vez absorbido se deposita en el hígado para ser utilizado por los hepatocitos en su proceso de síntesis del factor de tolerancia a la glucosa.

En función de la forma de cromo que se absorba se conseguirán unos parámetros u otros. Así, el cromo (III) se encuentra en la sangre en estado libre, mientras que su tipo inorgánico puede ser captado por los tejidos. En cuanto al cromo (VI), es el que más fácilmente se absorbe y el organismo lo reduce a cromo (III) utilizando distintas vías metabólicas.

Una vez en el organismo, su distribución corporal responderá a factores como especie animal, edad y forma química.

Funciones
El científico Mertz, el mismo que años antes había anunciado la esencialidad de este elemento, señaló en 1975 el efecto potenciador del metabolismo de los hidratos de carbono, lípidos y proteínas.

Gracias al cromo se incrementa la eficacia de la insulina, por lo que se requiere una menor concentración de ésta, al tiempo que aumentan también sus receptores. Por otro lado, se ha comprobado que suministrar suplementos ayuda a mejorar trastornos como lipidemias y glucemias en los niños malnutridos, así como hipoglucemias en ancianos enfermos de diabetes tipo II.

En el otro extremo, las deficiencias del cromo provocan una serie de reacciones como mala tolerancia a la glucosa, hiperglucemia, hiperinsulinemia, hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia, glucosuria y disminución de la insulina ligada a sus receptores.

Sus efectos beneficiosos a corto plazo en pacientes diabéticos comienzan a manifestarse a los diez meses de comenzar con los suplementos y durante este tiempo los pacientes remiten sus síntomas en un 89%.

Su papel sobre la masa corporal
Existen evidencias que inducen a creer que el cromo actúa sobre la masa magra provocando la disminución de la misma y, por lo tanto, un descenso del peso corporal. A este respecto, hay varios científicos que avalan la tesis, pues consideran que al aumentar la insulina reduce la deposición de la grasa, mejorando de esta forma la entrada de glucosa y aminoácidos a las células musculares.

No obstante, los efectos beneficiosos de este elemento para la reducción de la masa corporal no están completamente definidos, existiendo diferencia de opiniones, pues hay quienes creen que si la ingesta de suplementos de cromo no se acompaña de una buena tabla de ejercicios aeróbicos y dieta equilibrada, no se apreciarían los resultados.

Máximos y mínimos recomendados
En la actualidad la ingesta diaria estimada, segura y adecuada (ESADDI) propuesta para los adultos comprende desde 50 hasta 200 microgramos diarios. No obstante, la tasa establecida por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos es de 1.000 microgramos diarios, lo que supone unas 350 veces más la propuesta por la ESADDI.

Hasta el momento no se han descrito problemas o trastornos derivados de esta ingesta superior. En cambio, se han detectado en roedores sometidos a un bajo consumo de sodio, en los que se percibió retraso significativo en el crecimiento del músculo cardiaco.